miércoles, 19 de mayo de 2010

Una Navidad desde Rincones

23/12/2009



Hola queridos amigos cibernautas, hace  rato que  no compartía con ustedes mis pensamientos.
Durante estos días me ha dado vuelta  parte de la homilía compartida con la comunidad este fin de semana.
Generalmente, me tomo mi tiempo para prepararla, la idea es que así como se prepara una homilía para la feligresía, también, debo buscar las frases que me permitan reflexionar y vivir mi semana en sintonía con mis hermanos.
Este fin de semana abordé la reflexión desde la figura física y cordial  de los “rincones” ahí donde se guardan las cosas de antaño, los recuerdos y los objetos que durante el año, quedan en el cuarto de los “cachureos” (utilizo esta palabra sin una carga despectiva).
            El profeta Miqueas, decía en la lectura dominical que Belén no era una ciudad sin importancia, sino que por más que fuese pequeña e insignificante, de en ella nacería el Salvador, el Mesías. Es decir desde un rincón de Israel...
            El pesebre en Israel, generalmente utilizaba  un rincón de la casa, y ahí nacería Jesús para manifestarse  desde un rincón, para que la humanidad supiera siempre que a Dios se le puede buscar y encontrar entre los que viven en los rincones de la sociedad... (Nuestros pobres y los que no cuentan para una sociedad preocupada de la imagen y del éxito).
            Nazareth, otra ciudad (el título le queda grande porque en tiempos de Jesús, no pasaba de tener unas veinte familias). Otro rincón de Israel, entonces, con esos simples datos postulo que Dios siempre nos hablará desde pequeños rincones, y ahí se hace necesario entrar a nuestros rincones donde vamos guardando nuestros recuerdos.
            Los Evangelios nos narran que una vez que Jesús Resucitó, citó a sus discípulos a Galilea, porque allí lo podrían ver. (Galilea era la región marginada de Israel).

            Quiero ir a mis rincones  navideños...
            El horno de tarro, en casa se utilizaba sólo en las fiestas navideñas y fiestas patrias... en resto del año, quedaba arrumbado en un lugar cercano al gallinero... Mi madre lo sacaba para preparar el Pan de Pascua, eso nos marcaba un tiempo especial.
            En mi hogar, en tiempos de infancia, además de preparar  el Pesebre, que recuerdo, siempre eran las mismas figuras de yeso, algo cascoteadas... se hacía un árbol navideño, pero era de desechos... unas veces de lanas verdes, pedazos de aluminio, otras   de cartón con papel plateado de los paquetes de cigarrillos,  y en otras, mejor un árbol frutal como un cerezo, o el famoso “Peral de Pascua” porque era la época de los frutos nuevos que marcaban el verano... Nada de nieve (pompones de algodón)  porque eso no era de mi zona que por esos días sólo pensábamos en ir al río y andar en pantalones cortos...
            El triciclo familiar, con Papá  recuerdo que lo pintábamos para cada año y con uno que otro arreglo, quedaba “como nuevo” para salir a lucirlo con otros chicos el día de Navidad.
            El jeep plástico, que salía a combatir  a los choques con el resto de “autitos” de los amiguitos del barrio, lógicamente con el nuevo ejército plástico que nos regalaban los papás.
            Los tiempos van pasando, a veces nos alejamos de nuestros rincones y tal vez en esta Navidad nos venga bien darnos una vuelta por esos lugares para dejar ordenado nuestro corazón para recibir al Niño Dios.

            Rincones del Hoy:

            Traigo al tapete  cuatro  rincones charlados  en estos días...
Uno de un hermano... desde hace un tiempo atrás le entrega a su familia una navidad de “desarticulada sorpresa”. Se van a cenar a algún barrio marginal de la ciudad donde viven , llevando todo lo necesario para la cena, pidiendo a los habitantes de esa morada (a la suerte) que los pueda acoger esa noche entre los suyos..., después le pide a su señora que se desprenda de uno de sus regalos preferidos para darlo a la dueña de casa y otro tanto hace con su hijo para que le deje al niño de esa casa un regalo preferido, por el cual, mi sobrino,  se sacrificó durante todo el año llevando buenas notas a casa, Mi hermano por su parte, deja algo de dinero y termina lavando las cosas de cena... ¿cuál es la idea? Vivir un navidad distinta, no es la navidad de los comerciales, sino recordar una y otra vez que Jesús nace pobre entre los pobres, y que desde ellos,  es la única forma de encontrar con un corazón sencillo  al Emmanuel (Dios- con- nosotros).

            En estos días, partió al Reino de los Cielos un sacerdote de los Sagrados Corazones Rolando Muñoz, ss.cc. Un hombre que vivió y enseñó teología desde los rincones sociales. Vivió en sectores populares y sencillos, optó por los rincones para encontrarse con Jesús y para darlo a conocer. Bien se mereció un título que publicó alguna vez el diario El Mercurio “teólogo de Poblaciones Callampas” (título descalificatorio por cierto, en letras del Mercurio, pero un honor para un hombre que se la supo jugar al lado de los que no contaban para la sociedad) Curiosamente después de ello, dejó de dar clases en la Pontificia Universidad Católica, lo que le permitió entrar de lleno a los centros de formación teológica  “alternativos” para hablar sin tapujos que “en el pobre está Dios”.

            Otra persona que partió en estos días en Copiapó, fue una agente pastoral con la que compartí en mis tiempos de párroco en Jesús de Nazareth, Jimena Aguirre, era biblista popular, en los tiempos compartidos con ella, constantemente miraba  el barrio como una pequeña galilea, entre los pobres del barrio sentía que Jesús le llamaba a entregarse entre los marginados, sus compañeros de camino y entre ellos cultivaba su santidad.
            Siempre decía... “mi Iglesia es la Iglesia de los pobres y entre  ellos quiero vivir y morir”.
            Su encuentro con Jesús se produjo en el barrio entre  la olla popular y los trabajos comunitarios, para decantar todo en la oración final después de cada actividad.
           
            El último recuerdo nace de una charla con un amigo, en una cena de navidad, llega a su hogar un mendigo, pide alimento,  irrumpe en sus vidas, de improviso les hace salir de su navidad clásica,  le invitan a cenar y le dan algo  de ropa, al salir el mendigo de casa, les queda la sensación de haber vivido algo distinto, sus corazones se llenaron de paz y lo que hasta ahora les asombra, es que esa visita fue algo especial que les dejó  una apertura al misterio de la vida compartida.
            El Mendigo entró en el rincón del hogar, y volvió tal vez a su rincón, pero lo gratificante de ello, es que en el rincón del corazón de cada uno de miembros de esa familia quedó un recuerdo distinto.

            Quiero felicitar a aquellas personas que salen de sus rincones de siempre para ir al encuentro en estas fechas de personas necesitadas, es una fecha en que muchas instituciones  (sociales y eclesiales) hacen entregan de canastas navideñas. Que bueno que puedan llegar a los rincones y compartir con otros que nos evangelizan... Pido a Dios para ellos bendiciones, pero también pido que estas iniciativas destinadas a alegrar el corazón de tantos hermanos necesitados, no nos sirvan como “tranquilizador de conciencias” y que con ello nos creamos “personas solidarias” porque todavía nos queda mucho camino por recorrer.
            Tampoco quiero que aquellas canastas navideñas sean “compradoras de votos de última hora” porque en nuestro país, la Palabra dada todavía vale mucho y sobre todo entre los más humildes y sencillos de nuestra patria.
            Dichas canastas navideñas no pueden ser la venta de mi conciencia ni de mi libertad electoral, tampoco compradora de afecto ni de afinidad religiosa.

            Que esta última navidad, antes del Bicentenario de Chile, nos permita entrar en el 2010 con una mirada distinta, desde los pobres para enriquecernos en sencillez y apostar para que en todos los rincones de Chile se haga realidad la Patria generosa, justa y solidaria  donde Jesús sea nuestro Emmanuel cotidiano.

            Feliz Navidad 2009.
            Con afecto
Pepe,cmf      
           

1 comentario:

Veronica dijo...

Leo y releo tus reflexiones y sigo pensando que hemos sido bendecidos con tu presencia en nuestra ciudad y nuestra comunidad, tu mirada, como buen claretiano, siempre puesta en la esencia de la venida de Jesús.
Que tus últimas palabras se hagan eco en el que las lee como en el que escucha las homilías y lee la Palabra con espíritu disponible a la entrega y al servicio.