miércoles, 11 de agosto de 2010

La Solidaridad que ha marcado el año


            Para la Iglesia chilena, el mes de agosto está marcado por la figura de San Alberto Hurtado y en líneas pastorales el valor de la solidaridad.
            Si el P. Hurtado visitara hoy el Chile del Bicentenario, lo primero que haría, aparte de llorar, sería tomar su camioneta para ir a consolar y abrazar a miles de chilenos que en el terremoto del 27 de febrero lo perdieron todo. Él supo lo que eran los terremotos y lo que era ver construcciones por el suelo, porque en sus escritos deja reflejado el dolor compartido en el sur de Chile tras el terremoto del año 1939. Sin embargo eso no lo paralizó, sino más bien, lo impulsó a emprender con mayor fuerza el sentido de ayudar a otros creando grupos colectivos de hombres y mujeres a los que bien podríamos llamar nuestros “padres y madres de la patria solidaria”.
            Este mes, llamado el mes de la solidaridad, será distinto porque está enmarcado en el Bicentenario y también porque nos ha dolido el sufrimiento de gran parte de nuestro país.
            Hablar entonces de solidaridad en este tiempo, cobra un sentido mayor. El sentido de saber “arremangarse” y vivir así al lado de tantos hermanos que nos siguen esperando, en carpas, mediaguas, y ciertamente aún, debajo de los puentes y en los semáforos de nuestras esquinas.
            Nuestra Iglesia chilena, en estos meses de invierno, ha continuado con campañas solidarias para ir en ayuda de quienes están sufriendo las inclemencias del tiempo, poco de ello se publica, pero todo ello, llega anónimamente a los preferidos del P. Hurtado en nuestro Chile del bicentenario.
            La frase clásica del P. Hurtado “Dar hasta que duela” la hemos hecho sudor y lágrimas, pero también se ha transformado en alegría y abrigo para muchos en nuestro pueblo.
            El día 18 de agosto celebraremos la pascua número 58 de San Alberto Hurtado y algunos recordarán que en su funeral se dibujó en el cielo una cruz. Hoy desde el cielo, San Alberto Hurtado, nos sonreirá y con su mirada nos podrá decir: sigamos haciendo vida la solidaridad en nuestro Chile del Bicentenario.
            Para poder continuar con esta tarea, necesitaremos entonces, poner nuestra mirada en el rostro de nuestro prójimo, sentir sus dolores, compartir nuestros bienes y alimentar la esperanza. No se tratará de dar eso sólo este mes, puesto que si así comenzamos el año, así tendremos que terminarlo. No podremos bajar los brazos, porque la tarea es ardua. A nosotros como católicos, con la misma intensidad que le llegaba a Alberto Hurtado nos debe resonar la siguiente frase: “En el rostro del Pobre, está Cristo”.
            Queridos hermanos, tenemos un hermoso tiempo para cultivar la santidad, esa que se hace con las manos gastadas de dar, pero con el corazón rebosante de gratificación.

Pepe Abarza, cmf