miércoles, 19 de mayo de 2010

Cuando florecen los errores, puede despertar la esperanza.

16/05/2010














Cuando florecen los errores, puede despertar la esperanza.
           
Hola, estimador lectores, después de mucho tiempo de “silencio virtual” vuelvo a poner por escrito mis reflexiones.
            Quisiera comenzar trayendo al teclado una pequeña historia llamada “El Error”. (Eduardo Galeano) Como no la recuerdo con la precisión de un escáner, me permito expresarla con mis palabras.
            “Ocurrió en una de las noches de invierno, no correspondía, pero el jazmín del cabo de mi jardín floreció, con su aroma, despertaron las tortugas y salieron como si fuese primavera, fue un error, pero gracias a ese error; el jazmín, las tortugas y yo, supimos que el invierno va a pasar”.
            Hoy, ha sido un día frío de otoño, con un cielo amenazante y un viento propio de invierno, en ese escenario climatológico me puse a trabajar en el patio del Santuario con pala y carretilla. En un momento me di cuenta que un árbol de camelia, ya ha comenzado a florecer. Me he sorprendido, sé que es la época, pero en mis recuerdos de adolescencia siempre he asociado el florecimiento de las camelias con los meses de agosto y septiembre. Por ello fue que me produjo cierto asombro y vino a mi mente este relato de Eduardo Galeano hoy cambiando los escenarios y personajes me trae aires de resurrección.
            Las Camelias del Santuario, se han ganado un lugar en el corazón de los que frecuentemente han transitado por los corredores del Centro de Formación, para nadie pasaban desapercibidas, porque de cuando en cuando más de un desganche se ganaban y ellas, a lo largo de los años, han tratado de escapar, con un follaje que cada vez está más alto, fuera del alcance de las manos de sus admiradores (as).
            Quisiera que el espectáculo que he visto hoy, una camelia florecida, sea ese bendito error que se transforma en el inicio de los aciertos que nos oxigenan en el camino de los alientos que debemos darnos unos y otros.
            Los ciclos de la Madre Naturaleza, tienen una  lógica, lo interesante es verlos con ojos mágicos que nos permitan ver una armonía y hacer que se despierten los sueños de la sabia comunión entre el ser humano y lo que nos rodea.
            Que la belleza de aquellas camelias, disipen los miedos que aún tenemos a los “corcoveos” de la tierra.
            La camelia, esperó que llegase la primera lluvia para que limpiara su capullo y la desnudara del polvillo de adobe que envolvía cada lugar del Centro de Formación. Sólo así pudo florecer con esa belleza inmacula que guardó por un año.
            Que vengan muchos errores, que los errores llenen el patio del centro de formación de nuestro querido santuario, porque las camelias tienen mucho que ver todavía, vieron en otro tiempo un patio con jóvenes y adultos, ellas fueron las confidentes de pololeos y conversaciones. Han llorado con quienes  lloraban un ser querido que partió, también se han entretenido con las historias de antaño que nuestros adultos mayores contaban cada semana de talleres, han sido sombra en los veranos calurosos y una belleza en el invierno, cuando otras flores duermen ellas se despiertan y se entregan a la vida.
            Lector, lectora, tú que conoces el patio del centro de formación, y las camelias te son familiares, creo que te echan de menos y esperan tu visita, no sé si quieren tu consuelo, lo que si creo, es que quieren darte el suyo, porque ellas, no pudieron esconderse ni protegerse aquella noche del 27 de febrero, sino que aguantaron con tesón y han visto que su entorno ha cambiado en estos meses, pero ellas vuelven a su ciclo de entregar sus flores en cada invierno. Que su magia y belleza ayuden a nuestras búsquedas y nuestros aciertos.

Pepe Abarza, cmf

1 comentario:

Veronica dijo...

Es una reflexión de mucha esperanza, la recibo como recuerdo personal y también de mucha fortaleza, gracias por el mensaje y el ánimo. Además del Santuario me trae el recuerdo de aquellas camelias que una vecina llevaba cada día a mi madre enferma, cuando le llevó la última que quedaba en el árbol(noviembre), ese día mismo día, mi madre partió.
Gracias P. Pepe, el Santuario revivirá como las camelias.