domingo, 26 de septiembre de 2010

El Chile del Bicentenario: Movido acontecer Nacional.


                Recuerdo que desde el año 2004, estando a cargo de la Pastoral Juvenil Vocacional de los Misioneros Claretianos, proyectamos todo un trabajo formativo para “Los Jóvenes del Bicentenario” aquello surgía como un sueño y al mismo tiempo del deseo de querer aportar desde nuestro ser Iglesia Chilena para las generaciones jóvenes que haría el Chile del Bicentenario.
                Los soñamos audaces, generosos, valientes, conocedores con gratitud de nuestra historia, hombres y mujeres de paz, tolerantes y al mismo tiempo apasionados por construir una sociedad solidaria y justa. Más comunicativos con sus adultos y de contención para  sus menores. Entre las generaciones de chicos con los cuales trabajábamos y compartíamos, no estaban tan  socializados con el mundo de los  mails, celulares y mucho menos el twitter que comenzó en el mundo virtual en el año 2006. Para los jóvenes de hoy esto es parte de las actividades diarias que realizan.
                Fue la Iglesia Chilena la que primeramente comenzó a hablar del Chile del Bicentenario, ya en el año 2003, los Obispos  pronunciaba una fuerte declaración sobre el tema del salario de los sectores más vulnerables de nuestra sociedad, esperando que la realidad de tantos chilenos que vivían con menos de un dólar al día pudiese cambiar en el camino hacia el Bicentenario.  Mientras tanto, desde los sectores políticos pocos se hablaba de este acontecimiento.
                En los años venideros serán nuevamente los Obispos los que hablarán a los sectores empresariales del “Sueldo ético”, con el ideal de que cada trabajador de nuestro Chile pudiese vivir con más dignidad.

¿Cómo nos encuentra el Bicentenario?
Comenzamos al año con la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, un giro importante para el país que después de 20 años de gobierno de los llamados “Partidos de la Concertación” comenzaría un gobierno de la llamada “Derecha”, nuevos aires y nuevos intentos que ciertamente le hacen bien a un país para evaluar, agradecer y proyectar su caminar como sociedad. Agradeceremos a una mujer que como Presidenta de Chile, la primera mujer que llega a ese puesto de servicio, reivindica la fuerza social y política que en el siglo XX impulsó otra mujer: La señora Elena Caffarena, cuando luchó por conquistar el voto femenino.
En el mes de febrero, el dolor y asombro ante la furia de la naturaleza marcará hondamente el corazón de nuestro Chile. ¡Manerita de comenzar el  Bicentenario¡ Pero así ha sido nuestro caminar en estos doscientos años. Somos un país que ha sabido templar su alma con tesón en las adversidades y que ha sabido ponerse de pie después de cada desastre, esto es como parte de nuestro ser chileno.
Ciertamente ha sido el año del  Bicentenario “especial” pero no más que aquel primer 18 de septiembre de 1810, en el que simplemente la primera junta de gobierno se reunió para dar un fuerte espaldarazo al Rey de España en los tiempos de ocupación napoleónica y no se vislumbraba, que para alcanzar la libertad como país sería necesario vivir tiempos de guerra y muerte; de pasiones y clandestinidad, pero sobre todo, de esperanza y de sueños.
                Por otro lado, había un sector de la sociedad que tenía una deuda pendiente con el mundo uniformado, por momentos históricos de nuestra patria, pero el terremoto nos abrió espacios para el compartir… muchos jóvenes que terminaban su servicio militar quisieron seguir en las filas de nuestro ejército, para continuar con las labores de reconstrucción, levantar techos para los damnificados, simplemente porque su alma de chilenos les movía a entregarse por completo en la ardua tarea de levantar a Chile.
 Otros, sobre todo en las localidades afectadas de saqueos pudimos sentir la seguridad de tener una institución que nos brindó resguardo y tranquilidad.

                Debo decir que si hay algo que ha marcado nuestro Bicentenario ha sido la Solidaridad, reflejada en el acontecer social.
Mirando el sector juvenil de nuestro país podemos decir que los jóvenes del Bicentenario son jóvenes optimistas, han vibrado con el sueño del Mundial en Sudáfrica, se han enorgullecido con las ganadoras de los Juegos Olímpicos  de Singapur.
Son  una generación que por primera vez han vivido con dolor y miedo la furia de la naturaleza en el terremoto de febrero. Sin embargo esta misma generación ha sido la que sacó toda la herencia de un chileno  llamado Alberto Hurtado, para manifestar a todo un país que en estos doscientos años, el alma del chileno se ha templado con tesón, dolor y con el gran valor de la solidaridad, levantando techos y llevando alegría en medio de tragedias.
Solidaridad que nuevamente ha quedado graficada en un momento puntual,  por los 33 mineros de la región de Atacama y posteriormente vivir una grata alegría al saber que están bien y con esperanzas de salir para reencontrarse con sus seres queridos. Esa solidaridad, movió a todo un país, nuestro norte querido, supo sentir el abrazo y las oraciones de miles de chilenos desde todos los rincones de nuestra patria. Me da la impresión que como país, después del terremoto, hemos quedado más sensibles para hacer empatía como sociedad ante el dolor. Esto me hace recordar aquellas palabras de San Pablo: “Cuando sufre un miembro del cuerpo sufren todos los miembros con él… y cuando una parte del cuerpo se alegra, todo el cuerpo se alegra con él”.

                En este mes todo será celebración, reuniones familiares, asados, bebidas… Por un rato, gozaremos de la vida pintada de azul, blanco y rojo, no se nos olvidará, será un grato paréntesis que hará historia y seremos protagonistas de ello. Pero también para ser agradecidos, debemos volver la mirada histórica a aquellas voces que a comienzos de esta década hablaron del Bicentenario tocado el estómago, bolsillo y el alma de nuestro ser. Que nuestra ciudadanía celebre y se alegre, que aprendamos a compartir con todos, porque queremos un Chile con mejor calidad de vida, pero desde el evangelio de Jesús: Vida y Vida en abundancia.
Feliz Bicentenario.

Pepe Abarza, cmf

lunes, 13 de septiembre de 2010

Abrazo estrechado con 51 hermanos

Cerca de 11 años atrás, conocí por primera vez de cerca a 51 hermanos que habían dado su vida por Cristo, pude compartir con ellos cerca de una semana, y aún recuerdo, la mañana en que me despedía hasta “la próxima vez”. Les hablé de que me ayudarán en mi caminar como sacerdote (no llevaba todavía un mes de consagrado) y era algo que muchos de ellos no había podido logar porque Cristo y la Vida les pidió el mayor testimonio que podían dar: Dar su sangre por Cristo y por la Fe. También les hablé de las vocaciones en Chile, algo se hacía y algunos jóvenes  que sentían la llamada comenzaban a dar sus primeros pasos formativos. Les pedí con cariño cordial que nos bendijeran con nuevas vocaciones y que en la juventud de Chile y en particular de nuestras comunidades  hubiese muchos que como ellos supieran dar el sí a Cristo dejándolo todo por el Reino.

                Me despedí cariñosamente como quien se despide para hacer un largo viaje sin saber si otra vez se volverá a reencontrar.
                Han pasado 11 años, mi vida misionera ha tenido muchísimas experiencias, el Espíritu de Dios y la Madre Congregación me ha regaloneado con miles de rostros de hermanos y hermanas, caminantes de un mismo camino, anunciadores como yo del Reino de Dios.
                Hoy me vuelvo a encontrar con mis 51 hermanos, ellos siguen ahí, yo con muchos cambios en mi vida (bueno y malos) - Dios sabrá cómo me seguirá fraguando-  lo interesante de ello es que nuestro diálogo en esta oportunidad topó los tópicos del ayer.
                Les comenté de mi vida misionera y lo agradecido y orgulloso que me siento de ser Hijo del Corazón de María, seguidor del evangelio como Claret y como ellos, les dije que en ocasiones, he sentido dolor porque hay sectores eclesiales en que parece que ser claretiano no les agrada mucho a otros, pero bueno, no a todos debemos caerles bien, sin embargo como también ellos sabrán que el aporte que hacemos los claretianos en otras latitudes del mundo (Asia. África, América) lugares donde ellos pensaban ir… la Palabra de Dios se sigue sembrando y cae en buenos surcos.
                Un tema ha cambiado, les comenté, es respecto a la  juventud y pastoral vocacional… Les charlé de mi  preocupación y pena al ver que en Chile pocos jóvenes de nuestras comunidades sienten en su corazón el anhelo de seguir más de cerca a Cristo… que a veces sienten el entusiasmo pasajero, pero que cuando perciben que ello implica algunas renuncias y compromisos  los inunda un silencio de sentir… “eso no es para mí” .
                Mis 51 hermanos, me preguntaron… ¿pero, es que no tienen en su interior sueños de luchar por un mundo mejor? ¿Es qué no quieren comprometerse con la misma fe que profesan? ¿Qué tipo de amor corre por sus venas? ¿Un amor pasajero, momentáneo? ¿Tienen en vez de sangre con pasión; sangre “de ganas sí, ganas no”?
                Ante esas interrogantes, guardé un rato de silencio, silencio que ellos supieron acoger con paciencia de sabios…
                Sí, les dije, tienen ganan, pero a veces son inmediatistas, y en otras viven con tantos problemas (pequeños a veces) pero que para ellos son una verdadera tormenta y es entonces en que la fe se tambalea.
                Pero ¿escuchan a Dios? Me preguntaron… Mmmm, a veces… dije yo… a veces cuando pueden sacarse de sus orejas los audífonos del mp3 o cuando dejan de teclear en sus celulares y llegan a sus habitaciones a encontrarse con el poco silencio que hoy pueden cultivar…
                Ahí tienes una razón - me respondió uno de ellos – Nosotros somos hijos de una generación que supo cultivar el silencio no como aislación del mundo y de los otros, sino como el “humus” donde podríamos escuchar a Dios y escucharnos a nosotros mismos… En el silencio escuchamos la voz de Cristo en el momento que nos llamó a seguirle y en el silencio escuchamos las balas que nos amenazaban… en el silencio conversamos con la “hermana muerte” que vendría más temprano a nuestras vidas de lo que creíamos. Pero eso, gracias al silencio, se nos posibilitó pensar en Dios y pensar en nuestro amor a él y a la humanidad.
                Hoy, verán muchas más cosas que nosotros. En nuestro tiempo llegar a ver un periódico extranjero y escuchar una noticia de otro lado del mundo era un privilegio… no todos los días se veía eso.
                El problema es que hoy verán y escucharán mucho… pero con eso mismo han querido “enmudecer la voz del llamado de Dios”.
                Pero todavía no lo hacen…- saltó Faustino- recuerdo que a mí me quisieron dar un silencio obligado mientras íbamos en el camión al lugar de nuestro martirio. Pero para mí, no era hora de silencio, era hora de gritar y gritar el nombre de Dios, Cristo, María y la Santa Iglesia… sólo me callaron con los golpes en la cara y las balas que entraron en mi pecho.
                Yo creo – continuó Faustino- hoy al sociedad actual quiere callar a los jóvenes que quieren hablar de Cristo y de Fe, no se los dice tan explícitamente, sino que les ofrece cosas para distraerles e hipnotizarlos. Y bien que lo hace, pero creo, que debe haber un grupo de jóvenes que la pasión por la humanidad y por Cristo, los hará tarde o temprano  levantar su voz, y rogaré a Dios que salgan de nuestras comunidades, donde pueden compartir con otros y donde pueden aprender que hay hermanos y hermanas que esperan palabras de aliento, esperanza, consuelo y sobre todo palabras de Anuncio de Dios.
                Para ti Pepe, nuestro abrazo y sigues nuestras oraciones, para ellos, los jóvenes de tu país: ¡Fuerza y a seguir a Cristo!
                Gracias, y hasta la vista.

                Al despedirme, veo a la salida del pueblo el río Vero que atraviesa algunas calles de la ciudad, en mi interior tarareo aquella canción que sonó en el festival claretiano de Chile del año 1992 y que a tantas generaciones de chicos cautivó y movió por conocer un poco más de estos 51 claretianos.
“Río Vero que llegaste al mar
Adornado con la sangre vuestra,
Cuenta al mundo lo que cuesta amar
Defendiendo siempre una bandera…
Río Vero mis hermano son
Ya lograron cruzar el umbral …
Y sus nombres son sendas de luz sobre la tierra….”
 (letra y música: Eduardo Huerta,cmf)

                                                                                              

Pepe Abarza, cmf

miércoles, 11 de agosto de 2010

La Solidaridad que ha marcado el año


            Para la Iglesia chilena, el mes de agosto está marcado por la figura de San Alberto Hurtado y en líneas pastorales el valor de la solidaridad.
            Si el P. Hurtado visitara hoy el Chile del Bicentenario, lo primero que haría, aparte de llorar, sería tomar su camioneta para ir a consolar y abrazar a miles de chilenos que en el terremoto del 27 de febrero lo perdieron todo. Él supo lo que eran los terremotos y lo que era ver construcciones por el suelo, porque en sus escritos deja reflejado el dolor compartido en el sur de Chile tras el terremoto del año 1939. Sin embargo eso no lo paralizó, sino más bien, lo impulsó a emprender con mayor fuerza el sentido de ayudar a otros creando grupos colectivos de hombres y mujeres a los que bien podríamos llamar nuestros “padres y madres de la patria solidaria”.
            Este mes, llamado el mes de la solidaridad, será distinto porque está enmarcado en el Bicentenario y también porque nos ha dolido el sufrimiento de gran parte de nuestro país.
            Hablar entonces de solidaridad en este tiempo, cobra un sentido mayor. El sentido de saber “arremangarse” y vivir así al lado de tantos hermanos que nos siguen esperando, en carpas, mediaguas, y ciertamente aún, debajo de los puentes y en los semáforos de nuestras esquinas.
            Nuestra Iglesia chilena, en estos meses de invierno, ha continuado con campañas solidarias para ir en ayuda de quienes están sufriendo las inclemencias del tiempo, poco de ello se publica, pero todo ello, llega anónimamente a los preferidos del P. Hurtado en nuestro Chile del bicentenario.
            La frase clásica del P. Hurtado “Dar hasta que duela” la hemos hecho sudor y lágrimas, pero también se ha transformado en alegría y abrigo para muchos en nuestro pueblo.
            El día 18 de agosto celebraremos la pascua número 58 de San Alberto Hurtado y algunos recordarán que en su funeral se dibujó en el cielo una cruz. Hoy desde el cielo, San Alberto Hurtado, nos sonreirá y con su mirada nos podrá decir: sigamos haciendo vida la solidaridad en nuestro Chile del Bicentenario.
            Para poder continuar con esta tarea, necesitaremos entonces, poner nuestra mirada en el rostro de nuestro prójimo, sentir sus dolores, compartir nuestros bienes y alimentar la esperanza. No se tratará de dar eso sólo este mes, puesto que si así comenzamos el año, así tendremos que terminarlo. No podremos bajar los brazos, porque la tarea es ardua. A nosotros como católicos, con la misma intensidad que le llegaba a Alberto Hurtado nos debe resonar la siguiente frase: “En el rostro del Pobre, está Cristo”.
            Queridos hermanos, tenemos un hermoso tiempo para cultivar la santidad, esa que se hace con las manos gastadas de dar, pero con el corazón rebosante de gratificación.

Pepe Abarza, cmf

miércoles, 19 de mayo de 2010

Cuando florecen los errores, puede despertar la esperanza.

16/05/2010














Cuando florecen los errores, puede despertar la esperanza.
           
Hola, estimador lectores, después de mucho tiempo de “silencio virtual” vuelvo a poner por escrito mis reflexiones.
            Quisiera comenzar trayendo al teclado una pequeña historia llamada “El Error”. (Eduardo Galeano) Como no la recuerdo con la precisión de un escáner, me permito expresarla con mis palabras.
            “Ocurrió en una de las noches de invierno, no correspondía, pero el jazmín del cabo de mi jardín floreció, con su aroma, despertaron las tortugas y salieron como si fuese primavera, fue un error, pero gracias a ese error; el jazmín, las tortugas y yo, supimos que el invierno va a pasar”.
            Hoy, ha sido un día frío de otoño, con un cielo amenazante y un viento propio de invierno, en ese escenario climatológico me puse a trabajar en el patio del Santuario con pala y carretilla. En un momento me di cuenta que un árbol de camelia, ya ha comenzado a florecer. Me he sorprendido, sé que es la época, pero en mis recuerdos de adolescencia siempre he asociado el florecimiento de las camelias con los meses de agosto y septiembre. Por ello fue que me produjo cierto asombro y vino a mi mente este relato de Eduardo Galeano hoy cambiando los escenarios y personajes me trae aires de resurrección.
            Las Camelias del Santuario, se han ganado un lugar en el corazón de los que frecuentemente han transitado por los corredores del Centro de Formación, para nadie pasaban desapercibidas, porque de cuando en cuando más de un desganche se ganaban y ellas, a lo largo de los años, han tratado de escapar, con un follaje que cada vez está más alto, fuera del alcance de las manos de sus admiradores (as).
            Quisiera que el espectáculo que he visto hoy, una camelia florecida, sea ese bendito error que se transforma en el inicio de los aciertos que nos oxigenan en el camino de los alientos que debemos darnos unos y otros.
            Los ciclos de la Madre Naturaleza, tienen una  lógica, lo interesante es verlos con ojos mágicos que nos permitan ver una armonía y hacer que se despierten los sueños de la sabia comunión entre el ser humano y lo que nos rodea.
            Que la belleza de aquellas camelias, disipen los miedos que aún tenemos a los “corcoveos” de la tierra.
            La camelia, esperó que llegase la primera lluvia para que limpiara su capullo y la desnudara del polvillo de adobe que envolvía cada lugar del Centro de Formación. Sólo así pudo florecer con esa belleza inmacula que guardó por un año.
            Que vengan muchos errores, que los errores llenen el patio del centro de formación de nuestro querido santuario, porque las camelias tienen mucho que ver todavía, vieron en otro tiempo un patio con jóvenes y adultos, ellas fueron las confidentes de pololeos y conversaciones. Han llorado con quienes  lloraban un ser querido que partió, también se han entretenido con las historias de antaño que nuestros adultos mayores contaban cada semana de talleres, han sido sombra en los veranos calurosos y una belleza en el invierno, cuando otras flores duermen ellas se despiertan y se entregan a la vida.
            Lector, lectora, tú que conoces el patio del centro de formación, y las camelias te son familiares, creo que te echan de menos y esperan tu visita, no sé si quieren tu consuelo, lo que si creo, es que quieren darte el suyo, porque ellas, no pudieron esconderse ni protegerse aquella noche del 27 de febrero, sino que aguantaron con tesón y han visto que su entorno ha cambiado en estos meses, pero ellas vuelven a su ciclo de entregar sus flores en cada invierno. Que su magia y belleza ayuden a nuestras búsquedas y nuestros aciertos.

Pepe Abarza, cmf

El Terremoto que destruye una Casa de Fe

04/03/2010



“Y las naciones que quedan a vuestro
Alrededor, sabrán que yo, Yahveh,
He reconstruido, lo que estaba demolido” (Ez.36)


            Queridos lectores y amigos del Santuario El Carmen, todavía estamos con el corazón apretado, seguimos viviendo en esta Casa el gran sábado 27 de febrero que marca nuestra vida eclesial, de fe y de servicio en el anuncio del Reino.
            La madrugada del 27 de febrero, las campanas del Santuario replicaron con un sonido “tétrico” no fue el llamado a misa ni tampoco so sonido alegre cuando entraba o salía la Virgen del Carmen desde su casa, aquella noche, fue el sonido era un grito de dolor, el Santuario gritó de dolor, mientras la tierra bramaba y poco a poco el aire se llenaba de polvo, eran los bloques de adobes que se entregaban a la fuerza de gravedad para estrellarse contra el piso.
            Todos los “santuariófilos”, estamos viviendo un tiempo especial, se terminan físicamente hablando 150 años de historia, el trabajo que inició allá por el año 1849 el sacerdote Antonio Poblete y posteriormente el trabajo que empujaron los Misioneros Claretianos desde 1880 hasta la fecha, marcan un punto donde el péndulo de la vida se detiene como el antiguo reloj de pared de la casa de los Misioneros.
            Nuestro dolor nos ha posibilitado compartir lágrimas y abrazos, hemos verbalizado nuestro dolor y sepultar algunos de nuestros sueños.
            Se hace necesario dejar que mueran los sueños antiguos sin que las nostalgias nos tienten a paralizar nuestra caminada.
            A la Madre Tierra le hemos preguntado el por qué, mientras el Padre Dios, nos abraza con su ternura para sostener nuestro dolor.
            Durante estos largos días, he escuchado mucho la frase “la Iglesia de Cristo no ha caído, pues ella sigue en pie más firme que nunca” eso es muy cierto y lo será siempre en peores circunstancias que esta. Lo que nos duele que  para alimentar nuestra fe, habíamos tenido un techo común que nos cobijaba un techo en el cual respirábamos el aliento de Dios y sentíamos la tierna mirada de María del Carmen.
Hay hermanos que me dicen “Pepe, ¿qué vamos a hacer ahora?” simplemente respondo, “caminemos e inventemos nuevos sueños que tengan por base la fuerza solidaria, la fe en Cristo y la ternura de María del Carmen, pues de ella y desde esta casa la recibimos durante mucho tiempo”.
            Hoy se hace necesario contagiar esperanza, consolar a los tristes y alentar a los abatidos, orar por nuestros muertos y secar las lágrimas, juntar nuestras manos porque tenemos mucho trabajo por delante y la Virgen del Carmen, Madre de Chile y Madre de los curicanos nos espera por sus hijos y por Chile.

Pepe Abarza, cmf
Rector Santuario El Carmen.
           

La Paradoja de la Felicidad

14/02/2010



 Durante este tiempo estival, me ha causado asombro atender a muchas personas que haciendo una síntesis de sus vidas llegan a la conclusión de que no son felices… ¿Qué es la felicidad entonces? ¿Algo con lo que soñamos y al momento de decidir tomamos el camino equivocado? ¿Las circunstancias de la vida se vuelven en nuestra contra y perdemos la batalla?
            Hay quienes piensan que al nacer ya vienen marcados con la posibilidad de ser felices y otros no…
            El 6to domingo del tiempo litúrgico común, el evangelio de Lucas nos presenta las bienaventuranzas y los “ayes” de Jesús.
            Me preguntaba al leerlos y al escuchar el evangelio en la misa en la que asistí: ¿Cómo se escucharán las bienaventuranzas en Haití (después del terremoto) o en los países en que muchos sufren las consecuencias de invasiones bélicas o para ir cerrando más el círculo de los lectores de nuestra reflexión: los que están sufriendo una depresión, los que viven sumergidos en un desencanto, o quienes han perdido hace poco a un ser querido?... ¿Se reirían de Jesús o le darían vuelta la espalda diciéndole: “pamplinas”? ¿Cuál sería la reacción de Jesús al ver a estas personas?.
            Pienso que tal vez Jesús guardaría silencio, pensando interiormente: “el tiempo le hará comprender lo que he dicho”.
            Cuando miro la vida una de las primeras frases que se vienen a la mente son de un escrito de Khalil Gibrán: “La vida tiene lágrimas y sonrisas” y eso es muy cierto y creo que con ello podemos desmitificar lo que muchos piensan que es la felicidad.
            La felicidad no  está en el país de las maravillas al que Alicia (la de los cuentos de Hadas) invitaba a vivir, tampoco el de Peter Pan en el país del “nunca jamás”. O el sueño de Michael Jackson que quería vivir por siempre.
            Creo que a veces estas y otras imágenes han calado demasiado en el corazón de la persona común y corriente, a tal punto que nos han alimentado falsos sueños por los cuales hemos gastado energía y desechado verdaderas opciones para nuestra vida.
            La felicidad tampoco pasa por llevar adelante nuestra búsqueda “Narcisista” de bienestar o el famoso “sueño americano” de quienes buscan el triunfo de la vida y el éxito económico.
            En todo esto, nos ha hecho mal la invasión de imágenes televisivas que nuestro cerebro y corazón no ha sabido procesar.
            Si le preguntáramos a Jesús sobre la Felicidad, pienso que nos diría algo así como esto: “La Felicidad no está en tal o cual cosa; no la busques allá o acá; sino que se guarda en lo más profundo del corazón, se alimenta de la paz consigo mismo y con los demás”.
            La felicidad está en hacer lo que nos dicta nuestro corazón, siempre y cuando no nos dicte cosas que vayan en detrimento del prójimo ni causen a nuestra conciencia remordimientos que en el día de mañana nos atormenten o nos hagan vivir superficialmente.
            La felicidad no está en vivir abrigados de bienes materiales o querer creer que la felicidad se compra y se vende en cada uno de los “ofertones” de fin de temporada en las esquinas de los grandes centros comerciales.
            La felicidad puede parecer una paradoja, porque muchas personas pueden pasarse la vida entera buscándola fuera, mientras que ella, reposa en lo más profundo de nuestro interior y muchas veces puede permanecer adormecida esperando que la hagamos florecer en el momento oportuno.
            Siento que es nuestro deber con nosotros mismos, con nuestra historia, con nuestra sombra y reflejo el preguntarnos constantemente por la felicidad. Pero creo que cuando lo hagamos, se hace necesario conjugarlo con el tema de la paz interior y ver nuestro corazón para sondearlo y saber que él se mueve (palpita) por las cosas importantes y no las superfluas que van y vienen.
            La felicidad no es una conquista, esa frase en positivo me suena al clásico slogan venido del mundo consumista.
            La felicidad es un modo de vivir y estoy seguro que si le preguntáramos a Jesús si fue feliz nos diría: “Mi felicidad - mientras estuve con ustedes- fue hacer la voluntad de mi Padre del Cielo y por ello, sufrí, lloré la muerte de un amigo (Lázaro), amé intensamente, viví el valor de la amistad, me enojé cuando veía la dureza del corazón de los fariseos, me compadecí de los enfermos, pobres y marginados, mi felicidad se alimentó de vivir en pobreza, con lo necesario para depender cada día de Dios… Mi felicidad se fue dando en la medida en que me di a los demás, en la medida en que compartí a corazón abierto con quienes me rodeaban y por supuesto orando cada acontecimiento de la vida”.

            Deseo profundamente que durante este año 2010, muchas personas que se han preguntado por la felicidad puedan dejarse alcanzar por ella, hagamos silencio y ella brotará como abrazo desde nuestro interior. Las lágrimas y las sonrisas que nos traiga la vida - como escribía Khalil Gibran - pueden ser una hermosa forma de vivir cada día.

Pepe Abarza, cmf

Una Navidad desde Rincones

23/12/2009



Hola queridos amigos cibernautas, hace  rato que  no compartía con ustedes mis pensamientos.
Durante estos días me ha dado vuelta  parte de la homilía compartida con la comunidad este fin de semana.
Generalmente, me tomo mi tiempo para prepararla, la idea es que así como se prepara una homilía para la feligresía, también, debo buscar las frases que me permitan reflexionar y vivir mi semana en sintonía con mis hermanos.
Este fin de semana abordé la reflexión desde la figura física y cordial  de los “rincones” ahí donde se guardan las cosas de antaño, los recuerdos y los objetos que durante el año, quedan en el cuarto de los “cachureos” (utilizo esta palabra sin una carga despectiva).
            El profeta Miqueas, decía en la lectura dominical que Belén no era una ciudad sin importancia, sino que por más que fuese pequeña e insignificante, de en ella nacería el Salvador, el Mesías. Es decir desde un rincón de Israel...
            El pesebre en Israel, generalmente utilizaba  un rincón de la casa, y ahí nacería Jesús para manifestarse  desde un rincón, para que la humanidad supiera siempre que a Dios se le puede buscar y encontrar entre los que viven en los rincones de la sociedad... (Nuestros pobres y los que no cuentan para una sociedad preocupada de la imagen y del éxito).
            Nazareth, otra ciudad (el título le queda grande porque en tiempos de Jesús, no pasaba de tener unas veinte familias). Otro rincón de Israel, entonces, con esos simples datos postulo que Dios siempre nos hablará desde pequeños rincones, y ahí se hace necesario entrar a nuestros rincones donde vamos guardando nuestros recuerdos.
            Los Evangelios nos narran que una vez que Jesús Resucitó, citó a sus discípulos a Galilea, porque allí lo podrían ver. (Galilea era la región marginada de Israel).

            Quiero ir a mis rincones  navideños...
            El horno de tarro, en casa se utilizaba sólo en las fiestas navideñas y fiestas patrias... en resto del año, quedaba arrumbado en un lugar cercano al gallinero... Mi madre lo sacaba para preparar el Pan de Pascua, eso nos marcaba un tiempo especial.
            En mi hogar, en tiempos de infancia, además de preparar  el Pesebre, que recuerdo, siempre eran las mismas figuras de yeso, algo cascoteadas... se hacía un árbol navideño, pero era de desechos... unas veces de lanas verdes, pedazos de aluminio, otras   de cartón con papel plateado de los paquetes de cigarrillos,  y en otras, mejor un árbol frutal como un cerezo, o el famoso “Peral de Pascua” porque era la época de los frutos nuevos que marcaban el verano... Nada de nieve (pompones de algodón)  porque eso no era de mi zona que por esos días sólo pensábamos en ir al río y andar en pantalones cortos...
            El triciclo familiar, con Papá  recuerdo que lo pintábamos para cada año y con uno que otro arreglo, quedaba “como nuevo” para salir a lucirlo con otros chicos el día de Navidad.
            El jeep plástico, que salía a combatir  a los choques con el resto de “autitos” de los amiguitos del barrio, lógicamente con el nuevo ejército plástico que nos regalaban los papás.
            Los tiempos van pasando, a veces nos alejamos de nuestros rincones y tal vez en esta Navidad nos venga bien darnos una vuelta por esos lugares para dejar ordenado nuestro corazón para recibir al Niño Dios.

            Rincones del Hoy:

            Traigo al tapete  cuatro  rincones charlados  en estos días...
Uno de un hermano... desde hace un tiempo atrás le entrega a su familia una navidad de “desarticulada sorpresa”. Se van a cenar a algún barrio marginal de la ciudad donde viven , llevando todo lo necesario para la cena, pidiendo a los habitantes de esa morada (a la suerte) que los pueda acoger esa noche entre los suyos..., después le pide a su señora que se desprenda de uno de sus regalos preferidos para darlo a la dueña de casa y otro tanto hace con su hijo para que le deje al niño de esa casa un regalo preferido, por el cual, mi sobrino,  se sacrificó durante todo el año llevando buenas notas a casa, Mi hermano por su parte, deja algo de dinero y termina lavando las cosas de cena... ¿cuál es la idea? Vivir un navidad distinta, no es la navidad de los comerciales, sino recordar una y otra vez que Jesús nace pobre entre los pobres, y que desde ellos,  es la única forma de encontrar con un corazón sencillo  al Emmanuel (Dios- con- nosotros).

            En estos días, partió al Reino de los Cielos un sacerdote de los Sagrados Corazones Rolando Muñoz, ss.cc. Un hombre que vivió y enseñó teología desde los rincones sociales. Vivió en sectores populares y sencillos, optó por los rincones para encontrarse con Jesús y para darlo a conocer. Bien se mereció un título que publicó alguna vez el diario El Mercurio “teólogo de Poblaciones Callampas” (título descalificatorio por cierto, en letras del Mercurio, pero un honor para un hombre que se la supo jugar al lado de los que no contaban para la sociedad) Curiosamente después de ello, dejó de dar clases en la Pontificia Universidad Católica, lo que le permitió entrar de lleno a los centros de formación teológica  “alternativos” para hablar sin tapujos que “en el pobre está Dios”.

            Otra persona que partió en estos días en Copiapó, fue una agente pastoral con la que compartí en mis tiempos de párroco en Jesús de Nazareth, Jimena Aguirre, era biblista popular, en los tiempos compartidos con ella, constantemente miraba  el barrio como una pequeña galilea, entre los pobres del barrio sentía que Jesús le llamaba a entregarse entre los marginados, sus compañeros de camino y entre ellos cultivaba su santidad.
            Siempre decía... “mi Iglesia es la Iglesia de los pobres y entre  ellos quiero vivir y morir”.
            Su encuentro con Jesús se produjo en el barrio entre  la olla popular y los trabajos comunitarios, para decantar todo en la oración final después de cada actividad.
           
            El último recuerdo nace de una charla con un amigo, en una cena de navidad, llega a su hogar un mendigo, pide alimento,  irrumpe en sus vidas, de improviso les hace salir de su navidad clásica,  le invitan a cenar y le dan algo  de ropa, al salir el mendigo de casa, les queda la sensación de haber vivido algo distinto, sus corazones se llenaron de paz y lo que hasta ahora les asombra, es que esa visita fue algo especial que les dejó  una apertura al misterio de la vida compartida.
            El Mendigo entró en el rincón del hogar, y volvió tal vez a su rincón, pero lo gratificante de ello, es que en el rincón del corazón de cada uno de miembros de esa familia quedó un recuerdo distinto.

            Quiero felicitar a aquellas personas que salen de sus rincones de siempre para ir al encuentro en estas fechas de personas necesitadas, es una fecha en que muchas instituciones  (sociales y eclesiales) hacen entregan de canastas navideñas. Que bueno que puedan llegar a los rincones y compartir con otros que nos evangelizan... Pido a Dios para ellos bendiciones, pero también pido que estas iniciativas destinadas a alegrar el corazón de tantos hermanos necesitados, no nos sirvan como “tranquilizador de conciencias” y que con ello nos creamos “personas solidarias” porque todavía nos queda mucho camino por recorrer.
            Tampoco quiero que aquellas canastas navideñas sean “compradoras de votos de última hora” porque en nuestro país, la Palabra dada todavía vale mucho y sobre todo entre los más humildes y sencillos de nuestra patria.
            Dichas canastas navideñas no pueden ser la venta de mi conciencia ni de mi libertad electoral, tampoco compradora de afecto ni de afinidad religiosa.

            Que esta última navidad, antes del Bicentenario de Chile, nos permita entrar en el 2010 con una mirada distinta, desde los pobres para enriquecernos en sencillez y apostar para que en todos los rincones de Chile se haga realidad la Patria generosa, justa y solidaria  donde Jesús sea nuestro Emmanuel cotidiano.

            Feliz Navidad 2009.
            Con afecto
Pepe,cmf