Recuerdo que desde el año 2004, estando a cargo de la Pastoral Juvenil Vocacional de los Misioneros Claretianos, proyectamos todo un trabajo formativo para “Los Jóvenes del Bicentenario” aquello surgía como un sueño y al mismo tiempo del deseo de querer aportar desde nuestro ser Iglesia Chilena para las generaciones jóvenes que haría el Chile del Bicentenario.
Los soñamos audaces, generosos, valientes, conocedores con gratitud de nuestra historia, hombres y mujeres de paz, tolerantes y al mismo tiempo apasionados por construir una sociedad solidaria y justa. Más comunicativos con sus adultos y de contención para sus menores. Entre las generaciones de chicos con los cuales trabajábamos y compartíamos, no estaban tan socializados con el mundo de los mails, celulares y mucho menos el twitter que comenzó en el mundo virtual en el año 2006. Para los jóvenes de hoy esto es parte de las actividades diarias que realizan.
Fue la Iglesia Chilena la que primeramente comenzó a hablar del Chile del Bicentenario, ya en el año 2003, los Obispos pronunciaba una fuerte declaración sobre el tema del salario de los sectores más vulnerables de nuestra sociedad, esperando que la realidad de tantos chilenos que vivían con menos de un dólar al día pudiese cambiar en el camino hacia el Bicentenario. Mientras tanto, desde los sectores políticos pocos se hablaba de este acontecimiento.
En los años venideros serán nuevamente los Obispos los que hablarán a los sectores empresariales del “Sueldo ético”, con el ideal de que cada trabajador de nuestro Chile pudiese vivir con más dignidad.
¿Cómo nos encuentra el Bicentenario?
Comenzamos al año con la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, un giro importante para el país que después de 20 años de gobierno de los llamados “Partidos de la Concertación” comenzaría un gobierno de la llamada “Derecha”, nuevos aires y nuevos intentos que ciertamente le hacen bien a un país para evaluar, agradecer y proyectar su caminar como sociedad. Agradeceremos a una mujer que como Presidenta de Chile, la primera mujer que llega a ese puesto de servicio, reivindica la fuerza social y política que en el siglo XX impulsó otra mujer: La señora Elena Caffarena, cuando luchó por conquistar el voto femenino.
En el mes de febrero, el dolor y asombro ante la furia de la naturaleza marcará hondamente el corazón de nuestro Chile. ¡Manerita de comenzar el Bicentenario¡ Pero así ha sido nuestro caminar en estos doscientos años. Somos un país que ha sabido templar su alma con tesón en las adversidades y que ha sabido ponerse de pie después de cada desastre, esto es como parte de nuestro ser chileno.
Ciertamente ha sido el año del Bicentenario “especial” pero no más que aquel primer 18 de septiembre de 1810, en el que simplemente la primera junta de gobierno se reunió para dar un fuerte espaldarazo al Rey de España en los tiempos de ocupación napoleónica y no se vislumbraba, que para alcanzar la libertad como país sería necesario vivir tiempos de guerra y muerte; de pasiones y clandestinidad, pero sobre todo, de esperanza y de sueños.
Por otro lado, había un sector de la sociedad que tenía una deuda pendiente con el mundo uniformado, por momentos históricos de nuestra patria, pero el terremoto nos abrió espacios para el compartir… muchos jóvenes que terminaban su servicio militar quisieron seguir en las filas de nuestro ejército, para continuar con las labores de reconstrucción, levantar techos para los damnificados, simplemente porque su alma de chilenos les movía a entregarse por completo en la ardua tarea de levantar a Chile.
Otros, sobre todo en las localidades afectadas de saqueos pudimos sentir la seguridad de tener una institución que nos brindó resguardo y tranquilidad.
Debo decir que si hay algo que ha marcado nuestro Bicentenario ha sido la Solidaridad, reflejada en el acontecer social.
Mirando el sector juvenil de nuestro país podemos decir que los jóvenes del Bicentenario son jóvenes optimistas, han vibrado con el sueño del Mundial en Sudáfrica, se han enorgullecido con las ganadoras de los Juegos Olímpicos de Singapur.
Son una generación que por primera vez han vivido con dolor y miedo la furia de la naturaleza en el terremoto de febrero. Sin embargo esta misma generación ha sido la que sacó toda la herencia de un chileno llamado Alberto Hurtado, para manifestar a todo un país que en estos doscientos años, el alma del chileno se ha templado con tesón, dolor y con el gran valor de la solidaridad, levantando techos y llevando alegría en medio de tragedias.
Solidaridad que nuevamente ha quedado graficada en un momento puntual, por los 33 mineros de la región de Atacama y posteriormente vivir una grata alegría al saber que están bien y con esperanzas de salir para reencontrarse con sus seres queridos. Esa solidaridad, movió a todo un país, nuestro norte querido, supo sentir el abrazo y las oraciones de miles de chilenos desde todos los rincones de nuestra patria. Me da la impresión que como país, después del terremoto, hemos quedado más sensibles para hacer empatía como sociedad ante el dolor. Esto me hace recordar aquellas palabras de San Pablo: “Cuando sufre un miembro del cuerpo sufren todos los miembros con él… y cuando una parte del cuerpo se alegra, todo el cuerpo se alegra con él”.
En este mes todo será celebración, reuniones familiares, asados, bebidas… Por un rato, gozaremos de la vida pintada de azul, blanco y rojo, no se nos olvidará, será un grato paréntesis que hará historia y seremos protagonistas de ello. Pero también para ser agradecidos, debemos volver la mirada histórica a aquellas voces que a comienzos de esta década hablaron del Bicentenario tocado el estómago, bolsillo y el alma de nuestro ser. Que nuestra ciudadanía celebre y se alegre, que aprendamos a compartir con todos, porque queremos un Chile con mejor calidad de vida, pero desde el evangelio de Jesús: Vida y Vida en abundancia.
Feliz Bicentenario.
Pepe Abarza, cmf