domingo, 26 de septiembre de 2010

El Chile del Bicentenario: Movido acontecer Nacional.


                Recuerdo que desde el año 2004, estando a cargo de la Pastoral Juvenil Vocacional de los Misioneros Claretianos, proyectamos todo un trabajo formativo para “Los Jóvenes del Bicentenario” aquello surgía como un sueño y al mismo tiempo del deseo de querer aportar desde nuestro ser Iglesia Chilena para las generaciones jóvenes que haría el Chile del Bicentenario.
                Los soñamos audaces, generosos, valientes, conocedores con gratitud de nuestra historia, hombres y mujeres de paz, tolerantes y al mismo tiempo apasionados por construir una sociedad solidaria y justa. Más comunicativos con sus adultos y de contención para  sus menores. Entre las generaciones de chicos con los cuales trabajábamos y compartíamos, no estaban tan  socializados con el mundo de los  mails, celulares y mucho menos el twitter que comenzó en el mundo virtual en el año 2006. Para los jóvenes de hoy esto es parte de las actividades diarias que realizan.
                Fue la Iglesia Chilena la que primeramente comenzó a hablar del Chile del Bicentenario, ya en el año 2003, los Obispos  pronunciaba una fuerte declaración sobre el tema del salario de los sectores más vulnerables de nuestra sociedad, esperando que la realidad de tantos chilenos que vivían con menos de un dólar al día pudiese cambiar en el camino hacia el Bicentenario.  Mientras tanto, desde los sectores políticos pocos se hablaba de este acontecimiento.
                En los años venideros serán nuevamente los Obispos los que hablarán a los sectores empresariales del “Sueldo ético”, con el ideal de que cada trabajador de nuestro Chile pudiese vivir con más dignidad.

¿Cómo nos encuentra el Bicentenario?
Comenzamos al año con la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, un giro importante para el país que después de 20 años de gobierno de los llamados “Partidos de la Concertación” comenzaría un gobierno de la llamada “Derecha”, nuevos aires y nuevos intentos que ciertamente le hacen bien a un país para evaluar, agradecer y proyectar su caminar como sociedad. Agradeceremos a una mujer que como Presidenta de Chile, la primera mujer que llega a ese puesto de servicio, reivindica la fuerza social y política que en el siglo XX impulsó otra mujer: La señora Elena Caffarena, cuando luchó por conquistar el voto femenino.
En el mes de febrero, el dolor y asombro ante la furia de la naturaleza marcará hondamente el corazón de nuestro Chile. ¡Manerita de comenzar el  Bicentenario¡ Pero así ha sido nuestro caminar en estos doscientos años. Somos un país que ha sabido templar su alma con tesón en las adversidades y que ha sabido ponerse de pie después de cada desastre, esto es como parte de nuestro ser chileno.
Ciertamente ha sido el año del  Bicentenario “especial” pero no más que aquel primer 18 de septiembre de 1810, en el que simplemente la primera junta de gobierno se reunió para dar un fuerte espaldarazo al Rey de España en los tiempos de ocupación napoleónica y no se vislumbraba, que para alcanzar la libertad como país sería necesario vivir tiempos de guerra y muerte; de pasiones y clandestinidad, pero sobre todo, de esperanza y de sueños.
                Por otro lado, había un sector de la sociedad que tenía una deuda pendiente con el mundo uniformado, por momentos históricos de nuestra patria, pero el terremoto nos abrió espacios para el compartir… muchos jóvenes que terminaban su servicio militar quisieron seguir en las filas de nuestro ejército, para continuar con las labores de reconstrucción, levantar techos para los damnificados, simplemente porque su alma de chilenos les movía a entregarse por completo en la ardua tarea de levantar a Chile.
 Otros, sobre todo en las localidades afectadas de saqueos pudimos sentir la seguridad de tener una institución que nos brindó resguardo y tranquilidad.

                Debo decir que si hay algo que ha marcado nuestro Bicentenario ha sido la Solidaridad, reflejada en el acontecer social.
Mirando el sector juvenil de nuestro país podemos decir que los jóvenes del Bicentenario son jóvenes optimistas, han vibrado con el sueño del Mundial en Sudáfrica, se han enorgullecido con las ganadoras de los Juegos Olímpicos  de Singapur.
Son  una generación que por primera vez han vivido con dolor y miedo la furia de la naturaleza en el terremoto de febrero. Sin embargo esta misma generación ha sido la que sacó toda la herencia de un chileno  llamado Alberto Hurtado, para manifestar a todo un país que en estos doscientos años, el alma del chileno se ha templado con tesón, dolor y con el gran valor de la solidaridad, levantando techos y llevando alegría en medio de tragedias.
Solidaridad que nuevamente ha quedado graficada en un momento puntual,  por los 33 mineros de la región de Atacama y posteriormente vivir una grata alegría al saber que están bien y con esperanzas de salir para reencontrarse con sus seres queridos. Esa solidaridad, movió a todo un país, nuestro norte querido, supo sentir el abrazo y las oraciones de miles de chilenos desde todos los rincones de nuestra patria. Me da la impresión que como país, después del terremoto, hemos quedado más sensibles para hacer empatía como sociedad ante el dolor. Esto me hace recordar aquellas palabras de San Pablo: “Cuando sufre un miembro del cuerpo sufren todos los miembros con él… y cuando una parte del cuerpo se alegra, todo el cuerpo se alegra con él”.

                En este mes todo será celebración, reuniones familiares, asados, bebidas… Por un rato, gozaremos de la vida pintada de azul, blanco y rojo, no se nos olvidará, será un grato paréntesis que hará historia y seremos protagonistas de ello. Pero también para ser agradecidos, debemos volver la mirada histórica a aquellas voces que a comienzos de esta década hablaron del Bicentenario tocado el estómago, bolsillo y el alma de nuestro ser. Que nuestra ciudadanía celebre y se alegre, que aprendamos a compartir con todos, porque queremos un Chile con mejor calidad de vida, pero desde el evangelio de Jesús: Vida y Vida en abundancia.
Feliz Bicentenario.

Pepe Abarza, cmf

lunes, 13 de septiembre de 2010

Abrazo estrechado con 51 hermanos

Cerca de 11 años atrás, conocí por primera vez de cerca a 51 hermanos que habían dado su vida por Cristo, pude compartir con ellos cerca de una semana, y aún recuerdo, la mañana en que me despedía hasta “la próxima vez”. Les hablé de que me ayudarán en mi caminar como sacerdote (no llevaba todavía un mes de consagrado) y era algo que muchos de ellos no había podido logar porque Cristo y la Vida les pidió el mayor testimonio que podían dar: Dar su sangre por Cristo y por la Fe. También les hablé de las vocaciones en Chile, algo se hacía y algunos jóvenes  que sentían la llamada comenzaban a dar sus primeros pasos formativos. Les pedí con cariño cordial que nos bendijeran con nuevas vocaciones y que en la juventud de Chile y en particular de nuestras comunidades  hubiese muchos que como ellos supieran dar el sí a Cristo dejándolo todo por el Reino.

                Me despedí cariñosamente como quien se despide para hacer un largo viaje sin saber si otra vez se volverá a reencontrar.
                Han pasado 11 años, mi vida misionera ha tenido muchísimas experiencias, el Espíritu de Dios y la Madre Congregación me ha regaloneado con miles de rostros de hermanos y hermanas, caminantes de un mismo camino, anunciadores como yo del Reino de Dios.
                Hoy me vuelvo a encontrar con mis 51 hermanos, ellos siguen ahí, yo con muchos cambios en mi vida (bueno y malos) - Dios sabrá cómo me seguirá fraguando-  lo interesante de ello es que nuestro diálogo en esta oportunidad topó los tópicos del ayer.
                Les comenté de mi vida misionera y lo agradecido y orgulloso que me siento de ser Hijo del Corazón de María, seguidor del evangelio como Claret y como ellos, les dije que en ocasiones, he sentido dolor porque hay sectores eclesiales en que parece que ser claretiano no les agrada mucho a otros, pero bueno, no a todos debemos caerles bien, sin embargo como también ellos sabrán que el aporte que hacemos los claretianos en otras latitudes del mundo (Asia. África, América) lugares donde ellos pensaban ir… la Palabra de Dios se sigue sembrando y cae en buenos surcos.
                Un tema ha cambiado, les comenté, es respecto a la  juventud y pastoral vocacional… Les charlé de mi  preocupación y pena al ver que en Chile pocos jóvenes de nuestras comunidades sienten en su corazón el anhelo de seguir más de cerca a Cristo… que a veces sienten el entusiasmo pasajero, pero que cuando perciben que ello implica algunas renuncias y compromisos  los inunda un silencio de sentir… “eso no es para mí” .
                Mis 51 hermanos, me preguntaron… ¿pero, es que no tienen en su interior sueños de luchar por un mundo mejor? ¿Es qué no quieren comprometerse con la misma fe que profesan? ¿Qué tipo de amor corre por sus venas? ¿Un amor pasajero, momentáneo? ¿Tienen en vez de sangre con pasión; sangre “de ganas sí, ganas no”?
                Ante esas interrogantes, guardé un rato de silencio, silencio que ellos supieron acoger con paciencia de sabios…
                Sí, les dije, tienen ganan, pero a veces son inmediatistas, y en otras viven con tantos problemas (pequeños a veces) pero que para ellos son una verdadera tormenta y es entonces en que la fe se tambalea.
                Pero ¿escuchan a Dios? Me preguntaron… Mmmm, a veces… dije yo… a veces cuando pueden sacarse de sus orejas los audífonos del mp3 o cuando dejan de teclear en sus celulares y llegan a sus habitaciones a encontrarse con el poco silencio que hoy pueden cultivar…
                Ahí tienes una razón - me respondió uno de ellos – Nosotros somos hijos de una generación que supo cultivar el silencio no como aislación del mundo y de los otros, sino como el “humus” donde podríamos escuchar a Dios y escucharnos a nosotros mismos… En el silencio escuchamos la voz de Cristo en el momento que nos llamó a seguirle y en el silencio escuchamos las balas que nos amenazaban… en el silencio conversamos con la “hermana muerte” que vendría más temprano a nuestras vidas de lo que creíamos. Pero eso, gracias al silencio, se nos posibilitó pensar en Dios y pensar en nuestro amor a él y a la humanidad.
                Hoy, verán muchas más cosas que nosotros. En nuestro tiempo llegar a ver un periódico extranjero y escuchar una noticia de otro lado del mundo era un privilegio… no todos los días se veía eso.
                El problema es que hoy verán y escucharán mucho… pero con eso mismo han querido “enmudecer la voz del llamado de Dios”.
                Pero todavía no lo hacen…- saltó Faustino- recuerdo que a mí me quisieron dar un silencio obligado mientras íbamos en el camión al lugar de nuestro martirio. Pero para mí, no era hora de silencio, era hora de gritar y gritar el nombre de Dios, Cristo, María y la Santa Iglesia… sólo me callaron con los golpes en la cara y las balas que entraron en mi pecho.
                Yo creo – continuó Faustino- hoy al sociedad actual quiere callar a los jóvenes que quieren hablar de Cristo y de Fe, no se los dice tan explícitamente, sino que les ofrece cosas para distraerles e hipnotizarlos. Y bien que lo hace, pero creo, que debe haber un grupo de jóvenes que la pasión por la humanidad y por Cristo, los hará tarde o temprano  levantar su voz, y rogaré a Dios que salgan de nuestras comunidades, donde pueden compartir con otros y donde pueden aprender que hay hermanos y hermanas que esperan palabras de aliento, esperanza, consuelo y sobre todo palabras de Anuncio de Dios.
                Para ti Pepe, nuestro abrazo y sigues nuestras oraciones, para ellos, los jóvenes de tu país: ¡Fuerza y a seguir a Cristo!
                Gracias, y hasta la vista.

                Al despedirme, veo a la salida del pueblo el río Vero que atraviesa algunas calles de la ciudad, en mi interior tarareo aquella canción que sonó en el festival claretiano de Chile del año 1992 y que a tantas generaciones de chicos cautivó y movió por conocer un poco más de estos 51 claretianos.
“Río Vero que llegaste al mar
Adornado con la sangre vuestra,
Cuenta al mundo lo que cuesta amar
Defendiendo siempre una bandera…
Río Vero mis hermano son
Ya lograron cruzar el umbral …
Y sus nombres son sendas de luz sobre la tierra….”
 (letra y música: Eduardo Huerta,cmf)

                                                                                              

Pepe Abarza, cmf