miércoles, 19 de mayo de 2010

La Paradoja de la Felicidad

14/02/2010



 Durante este tiempo estival, me ha causado asombro atender a muchas personas que haciendo una síntesis de sus vidas llegan a la conclusión de que no son felices… ¿Qué es la felicidad entonces? ¿Algo con lo que soñamos y al momento de decidir tomamos el camino equivocado? ¿Las circunstancias de la vida se vuelven en nuestra contra y perdemos la batalla?
            Hay quienes piensan que al nacer ya vienen marcados con la posibilidad de ser felices y otros no…
            El 6to domingo del tiempo litúrgico común, el evangelio de Lucas nos presenta las bienaventuranzas y los “ayes” de Jesús.
            Me preguntaba al leerlos y al escuchar el evangelio en la misa en la que asistí: ¿Cómo se escucharán las bienaventuranzas en Haití (después del terremoto) o en los países en que muchos sufren las consecuencias de invasiones bélicas o para ir cerrando más el círculo de los lectores de nuestra reflexión: los que están sufriendo una depresión, los que viven sumergidos en un desencanto, o quienes han perdido hace poco a un ser querido?... ¿Se reirían de Jesús o le darían vuelta la espalda diciéndole: “pamplinas”? ¿Cuál sería la reacción de Jesús al ver a estas personas?.
            Pienso que tal vez Jesús guardaría silencio, pensando interiormente: “el tiempo le hará comprender lo que he dicho”.
            Cuando miro la vida una de las primeras frases que se vienen a la mente son de un escrito de Khalil Gibrán: “La vida tiene lágrimas y sonrisas” y eso es muy cierto y creo que con ello podemos desmitificar lo que muchos piensan que es la felicidad.
            La felicidad no  está en el país de las maravillas al que Alicia (la de los cuentos de Hadas) invitaba a vivir, tampoco el de Peter Pan en el país del “nunca jamás”. O el sueño de Michael Jackson que quería vivir por siempre.
            Creo que a veces estas y otras imágenes han calado demasiado en el corazón de la persona común y corriente, a tal punto que nos han alimentado falsos sueños por los cuales hemos gastado energía y desechado verdaderas opciones para nuestra vida.
            La felicidad tampoco pasa por llevar adelante nuestra búsqueda “Narcisista” de bienestar o el famoso “sueño americano” de quienes buscan el triunfo de la vida y el éxito económico.
            En todo esto, nos ha hecho mal la invasión de imágenes televisivas que nuestro cerebro y corazón no ha sabido procesar.
            Si le preguntáramos a Jesús sobre la Felicidad, pienso que nos diría algo así como esto: “La Felicidad no está en tal o cual cosa; no la busques allá o acá; sino que se guarda en lo más profundo del corazón, se alimenta de la paz consigo mismo y con los demás”.
            La felicidad está en hacer lo que nos dicta nuestro corazón, siempre y cuando no nos dicte cosas que vayan en detrimento del prójimo ni causen a nuestra conciencia remordimientos que en el día de mañana nos atormenten o nos hagan vivir superficialmente.
            La felicidad no está en vivir abrigados de bienes materiales o querer creer que la felicidad se compra y se vende en cada uno de los “ofertones” de fin de temporada en las esquinas de los grandes centros comerciales.
            La felicidad puede parecer una paradoja, porque muchas personas pueden pasarse la vida entera buscándola fuera, mientras que ella, reposa en lo más profundo de nuestro interior y muchas veces puede permanecer adormecida esperando que la hagamos florecer en el momento oportuno.
            Siento que es nuestro deber con nosotros mismos, con nuestra historia, con nuestra sombra y reflejo el preguntarnos constantemente por la felicidad. Pero creo que cuando lo hagamos, se hace necesario conjugarlo con el tema de la paz interior y ver nuestro corazón para sondearlo y saber que él se mueve (palpita) por las cosas importantes y no las superfluas que van y vienen.
            La felicidad no es una conquista, esa frase en positivo me suena al clásico slogan venido del mundo consumista.
            La felicidad es un modo de vivir y estoy seguro que si le preguntáramos a Jesús si fue feliz nos diría: “Mi felicidad - mientras estuve con ustedes- fue hacer la voluntad de mi Padre del Cielo y por ello, sufrí, lloré la muerte de un amigo (Lázaro), amé intensamente, viví el valor de la amistad, me enojé cuando veía la dureza del corazón de los fariseos, me compadecí de los enfermos, pobres y marginados, mi felicidad se alimentó de vivir en pobreza, con lo necesario para depender cada día de Dios… Mi felicidad se fue dando en la medida en que me di a los demás, en la medida en que compartí a corazón abierto con quienes me rodeaban y por supuesto orando cada acontecimiento de la vida”.

            Deseo profundamente que durante este año 2010, muchas personas que se han preguntado por la felicidad puedan dejarse alcanzar por ella, hagamos silencio y ella brotará como abrazo desde nuestro interior. Las lágrimas y las sonrisas que nos traiga la vida - como escribía Khalil Gibran - pueden ser una hermosa forma de vivir cada día.

Pepe Abarza, cmf

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