Grafitero, ¿por qué rayas mi casa;si yo no rayo la tuya? (Jesús).
He querido escoger este título para la presente reflexión, ya que los acontecimientos de este último fin de semana, me hicieron pensar en la relación entre un joven grafitero y Jesús.
Lo quiero presentar a modo de coloquio entre los dos personajes que desarrollarán la trama.
Comenzaba a amanecer, las primeras luces del día, hicieron despertar a Jesús, el que se había acostado muy tarde por estar atendiendo el pedido de varias personas que estaban pasando por un momento muy difícil.
Afuera de su casa, escucha un par de risas y un grito que decía “dale, apúrate en rayar, que puede venir la policía...”
Jesús se levanta rápidamente y abre las puertas de su casa... encuentra a dos adolescentes que terminaban de rayar las puertas de su casa...
Jesús dirigiéndose al que tenía el spray en su mano derecha le dice: “¿por qué rayas mi casa, si yo no rayo la tuya?”
El grafitero, terminaba de dejar su marca en las puerta y mirando asombrado a Jesús, el que simplemente le había dicho esa pregunta inicial sin reprocharle ni enojarse por el acto que había cometido.
El grafitero sintió que la actitud de Jesús era la de abrir un diálogo con un tono suave de equidad. Es entonces cuando el joven grafitero suelta el spray de su mano, dejándolo caer en la explanada de su casa y acercándose a Jesús, se arregla su polerón, descubriéndose la cabeza, porque en el fondo, sintió que ese dueño de casa, le inspiraba confianza, más allá de sentir que bien podría merecerse un reproche y hasta el llamado de la policía. Mientras tanto su compañero, ya había huido.
Jesús, fija su mirada en las manos del grafitero, eran manos maltratadas por pintura, manos congeladas de fríos y con unos cuantos cortes que bien hablaban de peleas y rencillas callejeras, seguramente como condecoraciones de fin de semana tras una noche de “carrete”.
El grafitero siente sus manos desnudas y poniendo su mirada en los ojos de Jesús, le comienza a responder la pregunta que en su momento, pudo ser la alarma para huir.
“pinto -dice el grafitero- porque es mi modo de expresar que existo”
Jesús, corta su frase y le refuta: “No te pregunté por qué pintabas sino por qué rayas”
Ah, muy bien – le increpa el grafitero- pues, lo hago porque siento rabia, siento que no existo, que paso por este mundo, por mi ciudad como un ente, una sombra nocturna, en las sombras otros me valoran, en las sombras me expreso, en la noche; puedo ser yo, porque el día no tiene espacio para mi... y a lo que tú llamas rayas, yo llamo: claves, fuerza, grito, abrazo, vómito y desahogo.
Jesús, poniendo una leve sonrisa en sus labios, le responde: querido joven, tu naciste para vivir en la luz, para caminar de día, para abrir tus brazos a las oportunidades y encontrarte con otros que quieren unir sus manos a las tuyas para abrir nuevos senderos.
¿yo, hijo de la luz? - le increpa asombrado el joven – ¿yo, que en esta sociedad no tengo oportunidades, que tengo por madre a mi abuela porque para mi madre fui un hijo no deseado y me dejó abandonado en un basurero ? ¿yo que no he podido estudiar porque en las escuelas municipales no tuve cupo, sólo tenía oportunidad entre los jóvenes que “botaba la ola”? ¿Me hablas de ser hijo de la luz, cuando en mi población, la vida comienza en la noche, cuando salen mis amigos a vender droga, las mujeres buscan vender su cuerpo y vemos llegar entre vidrios polarizados a hombres y mujeres pudientes que vienen por unos cuantos papelillos de droga?
¿Hijo de la luz, cuando, cuando en mi población, cada día le doblamos la mano al destino, cuando conseguimos algo para comer, cuando nos tenemos que defender de los traficantes poderosos, hijo de luz; cuando es en la noche, en mi noche, que puedo escapar de las miradas discriminatorias que me hacen los hijos del día cuando camino por las calles de mi ciudad?.
¿Hijo de la Luz? No, no hay nada en mi vida y en la de los míos que me lleve a pensar en ser hijo del día, de la luz.
Jesús - da un par de pasos hacia el joven y le responde: Sí, eres hijo de luz, porque mi Padre Dios hizo este mundo para ti, porque eres creado a su imagen y semejanza, tienes en tu ser una “chispa” de Dios, una pincelada de sueño, de audacia, de fuerza y esperanza, un corazón, pintado con los colores del Reino de los cielos, tienes un espíritu lleno de estrellas, las mismas que vio Abraham cuando mi Padre Dios le dijo que le daría la tierra prometida y este creyó.
Eres hijo de la luz porque en tu espíritu existe la explosión de la resurrección, la que te hace levantar después de una y otra caída.
Eres hijo de la luz porque yo te acepté como hermano cuando, tu abuela llena de ilusión te trajo a esta misma casa para ser bautizado y te presentó a María del Carmen para pedirle que te cuidara y fuera la estrella que guiara tus caminos.
Por eso que te digo que eres hijo de luz y te vuelvo a dejarte la pregunta inicial: ¿Por qué rayas mi casa?
El joven grafitero, da la media vuelta y corriendo se aleja de Jesús...
Jesús, no entró a su casa hasta que perdió de vista al joven, éste por su parte, de cuando en cuando, volteaba mirando hacia atrás, mientras dejaba salir de su corazón un sentimiento de remordimiento por las últimas grafitadas con las que cerraba el carrete del sábado, mientras pensaba... ¡soy hijo de la luz y Dios pinta colores en mi corazón!.
Pepe Abarza, cmf.

1 comentario:
Quizás no tiene directa relación lo que voy a decir con la reflexión, pero a partir de ella recordé lo que en clases de inglés en la universidad terminamos hablando con los compañeros respecto a la Iglesia actual. El profesor lanzó una pregunta y comenzaron los comentarios. Varios compañeros con promedio de edad de 20 años, coincidían en que encuentran que la Iglesia en cierta forma a evolucionado y se ha estado adecuando a los nuevos tiempos, pero que aún le falta y encuentran que está muy cerrada respecto a temas que en la actualidad son del día a día. Quizás es eso lo que motiva a jóvenes a realizar actos como rayar la Casa del Señor, para llamar la atención a la sociedad y particularmente a la Iglesia sobre la realidad que viven y no sólo un acto vandálico, aunque esa sea la conclusión de esos hechos.
Felicitaciones por la reflexión.
Saludos.
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